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KALAS

KALAS

KALAS 2014
Revista 33 x 25 cm. 112 páginas.

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KALAS es un fake de la revista CARAS, la publicación colombiana número uno en estilo de vida y sociedad siempre asociada al lujo, la elegancia y la sofisticación. En este proyecto se reproduce ese glamour visual, el estilo, el formato y la maquetación de esta publicación pero en su contenido se sustituye la realidad de la élite colombiana por la de la población afrodescendiente de Cartagena de Indias.

KALAS is a fake of CARAS, the number one lifestyle and society magazine associated with luxury, elegance, and sophistication. The magazine reports on Colombian high society, international aristocracy, and the lives of the rich and powerful. Kala means face in Palenquero, so that her magazine is a liberal translation of Caras into this creole tongue. Palenquero—a mixture of Portuguese, Spanish, and African languages—is spoken in San Basilio de Palenque, a village that represents survival as the direct heir of one of the bastions of escaped slaves that peppered the Caribbean coast during the colonial age.Nuria Carrasco’s project reproduces the style, format, and layout of the magazine, but replaces the original characters with the afro-descendant population of Cartagena de Indias. She maintains clear congruence with her previous work, all of which is characterized by an intense interest in inquiring about everyday body-language.

 

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KALAS cosméticos

Medidas variables. Escayola, acrílico.

 

Fake, género y coherencia en la obra de Nuria Carrasco.

Juan Pablo Wert Ortega

La contribución de la artista Nuria Carrasco a la Bienal de Cartagena de Indias consiste en un fake (Kalas) de la revista colombiana Caras. Lo plantea como un proyecto específico para la mencionada convocatoria, pero también como una segunda experiencia que prorroga la fórmula adoptada con ocasión de otro evento artístico, reciente pero geográficamente muy distante como fue el festival Artifariti celebrado el año pasado en un campo de refugiados saharaui en el desierto argelino. En aquella ocasión el fake lo urdió a partir de la revista española Hola, traduciendo literalmente la cabecera original al idioma local quedando así Ahlan titulando el artilugio.

Ignoro si ya se ha considerado la posibilidad de que el fake constituya un género artístico. Tampoco estoy seguro de que el término anglosajón, que se corresponde en el idioma en castellano con el adjetivo falso, y es de uso corriente para designar objetos impostores, lo sea también en el medio artístico. Aquéllos se revelan como tales solo por el precio ya que guardan con los genuinos idéntica apariencia e, incluso, frecuentemente, comparten los mismos materiales y similares procesos de fabricación. En la jerga artística remite a aquellas piezas que reproducen los formatos de conocidas revistas ilustradas para introducir contenidos paródicos y/o fuertemente críticos con los originales objeto de la apropiación. Se trata, pues, de revistas –también llamadas “del corazón”- trucadas o falsificadas en las que personajes, lugares y situaciones construidas por el falsificador se hacen pasar por esos y esas otras que habitualmente figuran en este tipo de revistas. Es decir, la obra consiste, básicamente, en un ejercicio de impostación, algo que, al fin y al cabo, resulta una constante a lo largo de toda la historia del arte, desde las pinturas rupestres hasta los autorretratos de Cindy Sherman. Tanto las Untitled film stills de ésta última como los After…de Sherry Levine y de otros muchos, puede parecer que compartieran con los barrocos trampantojos y toda la tradición ilusionista de la pintura europea esa voluntad de engaño que ya denunciara en su momento Platón.

No parece que la artista, con la utilización de este recurso, pretenda reclamar el valor de la originalidad, tenido por muchos como el más decisivo y propio de la contemporaneidad no solo en el arte sino en la cultura en su conjunto, pues como he avanzado ya en el título, hay suficientes precedentes para poder considerarlo género (1). Pero también el uso concreto que le da al recurso abona esta opción. En la obra de Nuria es género, no solo por la reiteración en su uso, también porque el fake propiamente dicho, es solo el vehículo, el modelo retórico.

Se trata pues de un género que propicia una relectura del medio que se falsifica que puede alterar significativamente su performatividad social, es decir la capacidad que tienen los medios de modelar la percepción de la realidad en las sociedades sobre las que actúan. En esa nueva lectura de las revistas de este tipo, pero fundamentalmente del Hola que, tanto por su tirada como por su veteranía, se erige en el referente soberano del formato, se puede percibir alguna de las claves de la performatividad mencionada. A nadie se le escapa, me imagino, el efecto narcotizante o genuinamente fascinante que ejerce sobre sus lectores y, sobre todo, lectoras que no pertenecen – he aquí una fórmula de éxito- a un solo segmento sociocultural. Suponemos que su objetivo es excitar el sentimiento de admiración hacia el lujo y/o el glamour de una cada vez más prolífica e insustancial élite y, cabe imaginar, que también alguna fantasía de emulación, pero lo que no advierten tan fácilmente sus lectores/as habituales es la carga ideológica que les endosan. Ideología en estado puro, esto es, construcción de una fantasía que pretende hacer ver un modelo de sociedad concreto- en este caso paradójicamente añorante del Ancien Régime – como una realidad “natural” o, mejor, una sociedad “como Dios manda”.

El mundo que nos presenta en sus páginas es un mundo impostado, no totalmente falso, pero siempre en algún sentido manipulado – y no solo en el lifting de sus protagonistas a base de photoshop- y, por tanto, engañoso. Falso oropel que es particularmente explícito en el apartado de mansiones de las celebrities que, con su ostentación chabacana, tratan de llevar a cabo su disimulado propósito de vender ventajosamente la propiedad que disfrutan. El cuerpo central en el que se justifica el apelativo de “prensa del corazón” vende igualmente mercancía averiada y aquí el verbo vender se debe entender literalmente. Incluso la sección “mundo singular” suena nostálgica en relación con lo que en épocas remotas se conocía como “curiosidades”. No obstante todo esto, el propósito falaz no se alcanza necesariamente pues el efecto de cualquier mensaje no es controlable de manera absoluta por el emisor y así podemos ver en esa mentira general el reflejo del mundo en que vivimos, de modo que, quizá, el Hola y afines sean la mejor atalaya desde donde mirar cómo está el patio.

Así pues, lo que tendríamos sería el fake de un fake, la mentira de una mentira, de manera que si aplicáramos la aritmética ley del signo (menos por menos igual a más), la de Nuria resultaría una perspectiva rigurosamente sincera (mentira por mentira igual a verdad). Ciertamente, algo hay de esto en el dispositivo pergeñado por la artista, pero también habrá que considerar la manera en que se han elaborado sus ingredientes para poder evaluar el grado de eficacia de su propuesta. Más arriba hemos descartado la mera parodia o el premeditado engaño como sus probables propósitos, de manera que nos queda, entre otros el que, en relación con los valores que ya ha representado la artista en su vida personal y en el resto de su obra, parece el más congruente: revertir o al menos neutralizar la performatividad social alienante con la que hemos caracterizado antes a este tipo de medios.

Los ingredientes del dispositivo, el fake de una revista ilustrada (puede resultar sarcástico que se utilice el adjetivo ilustrada para lo que ya hemos identificado como un agente de alienación) son, como es sabido, fotografía y texto, ambos recursos comunicativos altamente protocolizados en el medio original. El reto, por tanto, reside en conseguir, como hemos planteado, el efecto contrario respetando los protocolos del original. Desde luego, lo que podríamos considerar la escenografía general del fake, la maquetación y la tipografía de la revista no admiten alteración pues son los principales recursos de la ilusión. Los textos también requieren ingenio pero están supeditados a la estrategia de la imagen (2). Es, pues, la fotografía la clave y de su calidad y de su capacidad de camouflage depende el éxito de la invención.

Ya en su primer ensayo, Ahlan, y después en éste, Kalas, las fotografías no solo se atienen al canon en cuanto al posado o a la calidad técnica, destilan la calidez, la cercanía y, así, la verdad de un testimonio fruto de una experiencia personal directa y fuertemente empática.
El aprecio que el acreditado fotógrafo Martin Parr, ha mostrado recientemente del primer fake de Nuria Carrasco señalándolo como una de las aportaciones más significativas del año en el ámbito de la creación fotográfica, hay que interpretarlo, desde luego, como un reconocimiento de su calidad fotográfica, pero igualmente del artefacto en el que se inserta (3). También este testimonio reforzaría la idea de que el fake es un género pues el propio Martin Parr ha intervenido recientemente en una obra de este tipo. (4)

Las fotografías realizadas por la artista permiten ilustrar el intercambio de papeles sociales, económicos y culturales, asunto que, por cierto, constituye una de las constantes estratégicas de su obra, entre la que destaca su video “Fortuna 82, Moraleja 13”. Probablemente haya sido en esta pieza donde el experimento artístico/antropológico se hace más explícito: cómo una mujer gitana y otra burguesa intercambian sus casas y nos las “interpretan” como si realmente se las hubieran intercambiado. En aquella pieza con el formato video, como ahora con el fake, la fantasía del “mundo al revés” resulta ser el más afilado escalpelo para diseccionar la realidad que vivimos. En este otro soporte, el de las revistas falsificadas, en el que las mujeres saharauis y las “afrodescendientes” cartageneras adoptan con mayor o menor consciencia el papel de las celebrities, las imágenes también consiguen sacar de sus modelos improvisadas la carga estética de la expresión ilusionada y de la lozanía que no es capaz de impostar el botox.

Son las imágenes que Nuria Carrasco fabrica e inserta en esta formula editorial que, como se ha propuesto, ya se puede considerar un género, las que realizan aquello que tantas veces se ha planteado como el objeto del arte: hacer visible lo invisible. Pero aunque esa operación de visibilización adopte como recurso táctico lo que aparenta ser un juego, no por ello debemos confundirlo con un intento de banalización de la realidad. Se trata de una via de visibilización y de problematización ciertamente oblícua pero no por ello menos recta ni menos comprometida con el mundo en el que vivimos, en su caso los problemas de género y de raza. De la intensidad del compromiso de lo que nos hace ver da testimonio la temperatura de sus imágenes.

En realidad la fórmula y el propósito se enmarcan una tradición que habría remontar, según algunos (5), nada menos que al Quijote, un fake de caballerías, el primer fake de la historia.

1 Uno de los más recientes fue el patrocinado por el Musac para el Frieze londinense en 2008, “Fake, a piece of art” de Tolo Cañellas.
2 Son fruto de la colaboración con Ramón Mateos, también autor de la sección “El canalla septentrional” donde parodia “El canalla sentimental” de Jaime Bayly en el original “Caras”.
3 Olivier Laurent “The Best Photobooks of the Year: Martin Parr takes his pick. Photographer and photobook expert Martin Parr selects the best titles published this year” British Journal of Photography, 19 November 2013, s/p.
4 En la revista Black Country Women, September Edition (2013).
5 Observación de Carmen Campos, experta en ciencia holística.

 

La aporía del rompecabezas

Rafa Abad

¿Bajo qué contingencias se pueden articular posibilidades desde un afuera que permitan cuestionar los diversos aparatos de verificación en la condición neoliberal? ¿Cómo se desplaza y resitúa el conocimiento que despliega un dispositivo estético en el establishment artístico, haciendo de la cotidianidad de unos pocos objeto de culto para otros cuando, paradójicamente, son éstos últimos los actores de una dominación que afecta, inscribe y subjetiva a los otros? ¿Qué afectos y sentimientos desencadena? ¿A quién? ¿A quiénes? ¿De qué manera se puede reensamblar lo social en tanto los sujetos que habitan la polis no adquieren una equidad de oportunidades con las que organizar y exponer sus disidencias en la esfera publica? ¿Cuáles son las fisuras, fricciones y densidades de esta cacofonía de voces? ¿Por qué la revista de ahora es lo que el libro de antes?

El surgimiento de nuevas representaciones de la sociedad han producido incipientes modos de imaginación política capaces de poner en duda lo constituido hasta ahora. «Kalas» es un ejemplo de ello. Una materialización híbrida surgida del contexto colombiano donde objeto-reflejo-artfacto.en.red cuestionará la obsesión esquizofrénica del paradigma del triunfo, la ortodoxia de la distinción y el espíritu de la acumulación. Transformando lo ordinario en extraordinario: de cada pagina, un pliegue; de cada nota, un punto de inflexión; de su conjunto, un giro lingüístico. Un desafiante tropo polifónico donde la percepción del espectador se reestructura y su plano de inmanencia muta en cada nueva lectura.

  • «Disculpa, ¿cómo se entiende esta cosa?»

 

KALAS PUNTOS DE VENTA:

Madrid. España
Librería LA CENTRAL. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

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